Incluso quienes la rodeaban y conocen sus malos humores se sorprendieron y no irrumpieron con aplausos desmesurados o cantitos alusivos, porque, en público y con la televisión, se mostró desbordada. Algunos señalan, cuidando que la Presidente no sospeche quien, que; el indisimulable enojo de la Presidente, no tiene una sola circunstancia. De hecho, tiene muchas, a saber: Las encuestas le dan mal. Cualquier sueño re reeleccionista comienza a desfallecer en manos de quien no quisiera. Su pretendida visión épica de su propio gobierno, comienza a hacer agua a borbotones y le queda muy lejos el recrear su serie favorita (Juego de Tronos) donde la reina y sus dragones confrontan con todos y ganan. Sus candidatos confiables no miden ninguno de ellos. Todos quedaron atrapados por su mal humor en un momento que la sociedad se cansó del conflicto permanente. Los escasos gestos de conciliación se desmoronan más rápido que nunca. Nadie los cree, ni sus acólitos ni sus detractor...
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